Después de las vacaciones se vuelve al trabajo con resignación, aparece el desánimo y la melancolía por los días felices que terminaron, y el desamor hace mella en las parejas… Al menos así lo entiende la sabiduría popular, pero el panorama no parece ser tan desalentador.

De hecho, septiembre es el gran mes del amor: se trata del mes preferido para casarse, y también es el momento que son más los que se deciden a hincar la rodilla en el suelo y lanzar la pregunta clave: “¿quieres casarte conmigo?”.

Como es de esperar, la mayoría de novios se decantan por celebrar su enlace en los meses en los que se pronostica un clima más apacible. Así, la temporada de bodas se abre con la primavera, decae un poco en agosto, pero vuelve a crecer en septiembre de forma espectacular.

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Aunque muchos prefieren una boda otoñal o invernal, lo cierto es que la gran parte de los enlaces se concentran en los meses con temperaturas medias más altas y menos probabilidad de lluvia (¡ese monstruo temido por todos y que acecha hasta el último momento!).

Sin embargo, septiembre no es el mes del amor solo porque sean tantos los que dan el gran paso durante estos días, también se trata del periodo del año en el que se establecen más peticiones de mano. Y es que septiembre es un poco enero: no empieza un año, pero sí representa un nuevo comienzo.

En septiembre se retoma la rutina laboral o la académica, y se marcan nuevos proyectos, nuevos planes por los que luchar. Con este espíritu, muchas parejas que desean seguir creciendo en la relación deciden apostar por confirmar su compromiso.

Tanto amor flotando en el ambiente debe hacerse notar. Así que ya sabes: no hagas mucho caso a los malos pronósticos para este mes, ¡y déjate llevar por la pasión de septiembre!